8 lecciones sobre la convivencia en Airbnb

Airbnb da la posibilidad de alquilar propiedades enteras, habitaciones privadas y habitaciones compartidas. Aquí, algunos aprendizajes que me dejaron los días conviviendo con anfitriones de diferentes partes del mundo.

Conocé los roles de la casa

Incluso los mejores hábitos pueden generar momentos incómodos.

Fue el caso de la primera noche que pasé en el hogar de una familia esrilanquesa. Terminé de comer y empecé a lavar los platos. Se acercó Lidia, la señora que trabajaba con la familia hacía ya muchos años. Sin decir palabra -no hablábamos ningún idioma en común-, hizo un movimiento para seguir lavando los platos por mí. Con una mueca, le respondí que yo los lavaría. Sin demasiadas herramientas, insistió con su movimiento, esta vez con más fuerza. Una mueca más de mi parte, también frustrada. Lidia, ya sin mirarme, me sacó la esponja y la cuchara de las manos.

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Tuve situaciones parecidas en otros países pero, a diferencia de lo que pasó aquella noche, siempre pude terminar de lavar mis platos. En Sri Lanka, la tradicional sociedad de castas, hace que los roles sean mucho menos flexibles.

Además de limpiar, Lidia cocinaba. Cada mañana, exprimía cocos para obtener la leche, base de muchas recetas típicas. La dueña de casa trabajaba en una organización no gubernamental. Antes de salir, hacía desayunar a la perra y la llevaba a correr por el parque. A la tarde, se sentaba con su hija para hacer la tarea del colegio. Más o menos en ese momento, llegaba el padre de familia y, si tenía todavía energía, se ponía el delantal y preparaba curry.

Abrí la puerta correcta

Los primeros minutos en una casa nueva son para hacer ‘el recorrido’. Además de enseñar cada sector, los anfitriones hacen recomendaciones, dan la contraseña del wiFi y explican cuestiones básicas del funcionamiento de la casa: ‘La basura se saca los miércoles de 7 a 17hs’, por ejemplo.

Aunque a veces es difícil retener toda la información, es conveniente recordar, al menos, la importante. En especial, en las casas que tienen una decoración surrealista, con puertas y pasillos casi idénticos.

Algunas cosas que vi detrás de puertas incorrectas: una pareja discutiendo en el baño, mi anfitrión corriendo en la cinta y escuchando un audio motivacional y una habitación dedicada a una gran planta de marihuana.

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Si no podemos memorizar qué puertas no abrir, tenemos que concentrarnos a las que sí podemos acceder.

Preparate para una casa ATP

La primera vez que me hospedé en una casa de familia éramos casi 10 personas. Los dueños de casa eran un joven matrimonio con dos niños pequeños. Casualmente, mi estadía coincidió con la llegada de los abuelos.

Si servicios del tipo Airbnb permiten tener una experiencia alternativa al turismo tradicional, vivir con una familia lo hacen a uno sentirse más local todavía.

Era en una metrópolis de la costa este de Estados Unidos. La casa podría haber sido la escenografía de ‘Full House’. Dos pisos más un subsuelo, patio, tres baños, muchas habitaciones y una gran escalera de madera.

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Por suerte, los chicos estaban acostumbrados a tratar con huéspedes y les gustaba compartir todos sus juguetes. Con los abuelos pasamos menos tiempo: tenían una agenda muy ocupada en la ciudad, aunque la noche en que prepararon sopa nos convidaron: ‘para entrar en calor y tomar vitaminas.’

Llevá tapones y antifaces

Una calle transitada, obras en construcción y noches de tormentas eléctricas pueden haber en cualquier parte. Pero en una casa, a diferencia del hotel, pueden aparecer ruidos de otra naturaleza.

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Los anfitriones pueden hacer fiestas, escuchar samba volumen Sambódromo, o mirar talk shows durante las 24 horas.

Un factor que no depende de anfitriones ni de otros huéspedes, pero que igualmente puede interrumpir el descanso, es la luz del sol. No en todos los países existen las persianas. En las regiones donde no hay muchos días soleados al año, no tiene sentido instalarlas. Si la estadía en San Petersburgo, por ejemplo, tiene lugar en el verano, puede ser molesto despertarse con los primeros rayos, alrededor de las 4 am.

Así, además de tapones para los oídos, conviene llevar un antifaz para dormir.

Ajustate a la zona horaria del anfitrión

Al jetlag que supone el viaje a ciertos destinos, se le suma la zona horaria propia de la casa donde nos hospedamos. Si en el hotel las actividades se ajustan a cada huésped, en una casa los últimos en llegar tienen que acomodarse a los horarios de los dueños.

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En Manchester, por ejemplo, los anfitriones tenían trabajos por la noche. Salían a las 7 pm y volvían en las primeras horas de la madrugada. En ese momento, preparaban platos con frituras, brócolis y mucho ajo.

En caso de rutinas convencionales, en cambio, exigen un pacto informal para no estorbar. Por ejemplo, se puede coordinar la hora de la ducha a la mañana o el uso del lavarropas.

Entregate a la departamento ‘campus’

El estudiante es una de las categorías más usuales de anfitriones en Airbnb. Alquilar una habitación extra a huéspedes temporarios es una entrada de dinero útil para el presupuesto del universitario.

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Los dueños de casa suelen ser reticentes al alquilar sus departamentos a estudiantes. Los toman como inquilinos irresponsables, sucios y ruidosos. Nunca estuve del lado del propietario pero sí me hospedé varias veces en casa de estudiantes. Todas las experiencias fueron excelentes.

Además de ser limpios y respetuosos, la gran mayoría no son locales y saben qué datos son útiles a quienes llegan a un lugar por primera vez. Gustan compartir cuáles son las atracciones que verdaderamente vale la pena visitar, las joyas escondidas de la ciudad y, dónde comprar y comer con presupuesto estudiantil.

En cuanto al funcionamiento del hogar, los días giran en torno a exámenes, tesis, grupos de estudios y juntadas de amigos. Suele haber más gente y actividad que en una casa de familia promedio pero esto la convierte en una experiencia más interesante.

Encontrá la cocina y el baño más cercano (o el más limpio)

En Europa, no son raros los departamentos con habitaciones distribuidas en diferentes pisos del edificio. Lo más probable es que el baño y la cocina en tales lugares sean compartidos con el resto de los vecinos.

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Es difícil mantener la limpieza, aunque el baño del piso más alto suele estar en mejor estado.

No te olvides del pestillo

Una habitación alquilada en casa de familia puede tener su baño propio, o uno compartido con los dueños y/o el resto de los huéspedes.

Una vez, en Santa Mónica, me toco un caso particular. Las habitaciones de huéspedes tenían un baño en común de doble puerta. Era esencial recordar trabar las puertas al usarlo.

No usar el pestillo al entrar al baño era un problema. No menos vergonzoso era abrirle la puerta al vecino de toilet, que había olvidado encerrarse.

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Además, en algunas sociedades, no acostumbrar golpear la puerta antes de ingresar. No es una cuestión de falta de educación sino de hábitos. Llaves, pestillos, o cadenas: si están, mejor usarlos.

¿Cómo fueron sus experiencias conviviendo con personas de diferentes países? ¿Alguna que de la que siempre se acuerden? Los leo y nos vemos la próxima, Jenn 🙂

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